ENTREVISTA CON PEDRO ARROJO

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Doctor en Ciencias Físicas, Profesor de Análisis Económico (Economía del Agua),
Fundador del movimiento por la Nueva Cultura del Agua,
en 2003 recibió Premio Goldman considerado “Nobel de Medio Ambiente”.

 

AGUA, RIOS Y PUEBLOS

 

EL ORACULO Y LOS AFECTADOS

Como me impliqué en todo esto de la Nueva Cultura del Agua ? Primero fue a través de una búsqueda intelectual, cuando tuve que decidir la línea de investigación para mi tesis doctoral.
Desde el ámbito de economía sospechaba que el oráculo de la racionalidad económica que aparentemente preside las grandes decisiones de nuestra sociedad moderna, igual como en otros tiempos, es un oráculo tramposo del poder.
Particularmente sospechaba que en materia de grandes obras hidráulicas, en materia de gestión de aguas, donde se invierte muchísimo dinero publico, el oráculo de la racionalidad económica no estaba funcionando de una manera rigurosa.
Quería estudiar si realmente las grandes obras que amenazaban inundar pueblos en el Pirineo se justificaban en términos de inversión. Cuando empecé a trabajar descubrí que no había una racionalidad económica detrás de esos proyectos.

En aquel tiempo me vinieron a ver los afectados por esas obras que estaban bajo amenaza de ser inundados. Cuando hablas con la gente que ha tenido este tipo de problemas, cuando finalmente se atreven a hablar, primero lloran. Junto a la motivación intelectual de descubrir las trampas del oráculo de la falsa racionalidad económica, lo que me acabo de arrebatar fue la emoción de ver llorar a la gente, ver el destrozo que supone el hecho de que te borren tu realidad, tu pueblo, tu valle.

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NUEVA CULTURA DEL AGUA

En mi curriculum universitario comencé como físico, luego fui ingeniero con la tesis doctoral sobre la mecánica de fluidos, para acabar como investigador y profesor de la economía de los recursos naturales, economía ecológica. En esa línea universitaria creamos con otros compañeros la Fundación de la Nueva Cultura del Agua, y lanzamos el Congreso Ibérico que ha llegado a reunir 70 universidades de España y Portugal.
Se trataba para mí en todo ese tiempo de abrir desde el ámbito académico una nueva lógica en la gestión de aguas, ríos, acuíferos. Una lógica acorde con el paradigma de la sostenibilidad, con una visión ética de la justicia social y ambiental.
Desde el ámbito social comenzamos a promover el movimiento por la nueva cultura del agua, partiendo un poco de la lucha social de los grupos, de las comunidades que a principios de los 90 estaban amenazados por la construcción de nuevas represas.

Eso nos llevó a formar la Coagret, la coordinadora de los afectados por las grandes represas y trasvases. Se sucedieron movilizaciones muy fuertes comenzando por la Bajada del Ebro. Fue como un sueño construir un gran barco con tres grandes cabezas de la dragona Iberia, del nombre Iber (Ebro) que dieron los romanos al río que pasa por mi ciudad. Durante un mes y medio bajamos el río con 20 personas abordo de este barco desmontable espectacular, con velas. Por la orilla nos acompañaron cientos de ciclistas. Realizamos múltiples actos con la población ribereña a lo largo de toda la cuenca del Ebro para defender nuestro río.

Luego vinieron las movilizaciones contra las grandes presas en el Pirineo. Hicimos una huelga de hambre de un mes de duración. Las grandes manifestaciones reunieron 400 mil personas en Zaragoza, 300 mil en Madrid, 300 mil en Barcelona. En menos de un año habíamos conseguido poner en la calle a más de un millón de personas en ese movimiento que cuestionaba el Plan Hidrologico Nacional y que planteaba una “nueva cultura del agua” que implicaba nuevos enfoques de gestión de aguas, abordando una nueva modernidad.

Finalmente vino la Marcha Azul. Entre14 mil personas marchamos hasta llegar a Bruselas con lo cual conseguimos bloquear asignación de los fondos de la Unión Europea para el Plan Hidrológico Nacional. Poco después tuve la sorpresa de recibir el Premio Goldman del medio ambiente, lo que a su vez abrió más espacios a nivel internacional a esas ideas y planteamientos de la nueva cultura del agua.

Nueva Cultura del Agua es el nuevo paradigma para enfocar la problemática del agua y tiene esos dos grandes componentes, el componente racional, de una nueva racionalidad del siglo XXI y el componente emocional, de los derechos humanos.
Se habla de la « nueva cultura » porque no solo exige nuevas políticas, nuevas leyes, nuevas tecnologías, sino algo mas profundo. Exige cambiar el orden de valores y entender que en nombre de hacer más ricos a los que ya lo somos, no tenemos derecho de matar la sostenibilidad. Exige recomponer las relaciones humanas en torno al agua pero que van mucho más allá del agua en si y que tienen que ver con la democracia participativa.

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AGUA-RIOS-PUEBLOS

En el ano 2000 se publica en Londres el informe de la Comision Mundial de Represas, un interesantísimo estudio sobre la problemática de las grandes represas en el mundo. En sus conclusiones hay un párrafo que siempre me impresionó: « hemos podido medir con exactitud cuantos metros cúbicos de agua podemos almacenar en las casi 50 mil grandes represas que hemos hecho en el mundo en el siglo XX, sin embargo nos fue imposible precisar cuantas personas hemos sacado a la fuerza de sus casas y de sus pueblos al inundarlos con grandes presas y al final estimamos que han sido directamente afectados entre 40 y 80 millones de personas ».

Lo mas escandaloso no es la envergadura de la cifra sino la imprecisión. El abanico de 40 a 80 millones implica la invisibilidad de las personas, de los pueblos afectados. Y ahí en las conversaciones con Patrick Mc Cully de International Rivers Network surgió la idea de que habría que lanzar una iniciativa global que pusiera en un primer plano a los afectados, a las personas.

Luego conversando con otros grupos internacionales nos dimos cuenta que el problema de la invisibilidad de los afectados no se limitaba a las grandes presas. También es el caso de 1200 millones de personas (también una cifra muy estimativa) que no tienen acceso al agua potable. Entre 10 mil y 20 mil mueren cada día por esta causa. Hay un montón de temas así que se transforman en pura estadística. Nunca ves a una mujer, cuyo hijo murió por beber agua contaminada, que te lo explica mirándote a los ojos con lágrimas, con rabia.

Así nació el proyecto Agua, Rios y Pueblos (VISITAR WEBSITE), con 6 áreas temáticas que abarcan estudios de caso de todo el planeta. Un área es sobre desplazamientos masivos de población; otro es sobre el acceso al agua potable como un derecho humano; otro sobre la lucha contra la privatización de aguas y territorios; otro sobre la vulnerabilidad de las comunidades mas pobres frente a las catástrofes naturales, o no tan naturales, como pueden ser inundaciones o sequías; otro enfoca la destrucción de ecosistemas y de la pesca, con el correspondiente impacto de hambre. Otro capitulo retrata casos de guerras no declaradas como está pasando en Palestina o en Kurdistán, en donde el agua es usada como un chantaje contra la población. Finalmente, un área de experiencias y liderazgos positivos, de buenas practicas en torno al agua.

Cuando a mi me preguntan, toda esta exposición que pretende ? Pretende dar la palabra, la existencia a los afectados por distintos tipos de traumas, problemas y conflictos de agua. Los afectados tal vez no tengan “la razón” y con toda la probabilidad no van a tener “la solución” para los problemas que son sumamente complejos, pero tienen el problema y merecen ser escuchados.
Las fotografías de autor y obras audiovisuales que forman parte de la exposición, nos ponen cara a cara con los afectados por acción u omisión de políticas hidráulicas. Detrás abrimos el debate invitando a todo el mundo, los que concuerden y los que estén en contra. El objetivo es conmover conciencias y corazones, despertar inteligencias y comprometer voluntades frente a lo que ya todo el mundo reconoce como la crisis global del agua.

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CRISIS GLOBAL DEL AGUA

Hemos hecho escaso lo mas abundante en el Planeta Agua. El agua sigue abundante en cantidad pero no en su calidad. Hemos roto la salud de los ríos. Primero han muerto los peces y las ranas, que ya ni nos acordamos como cantan, luego empezaron a morir las personas.

La crisis global es el fruto de dos fallas críticas: la insostenibilidad y la inequidad. En la convergencia de esas dos fallas están esas 1200 millones de personas que no tienen el acceso al agua potable. El problema se ha agravado cuando los grandes poderes económicos han entendido que la escasez del agua de calidad es una fantástica oportunidad de negocio.
Se impulsa una política de privatización de las aguas, los ríos, los acuíferos, de los servicios de saneamiento. « Los mercados » no comprenden el acceso al agua como un derecho humano, tienden a transformar a los ciudadanos en clientes. Eso crea una tercera falla, la de la gobernabilidad democrática de los servicios básicos de agua y saneamiento bajo las presiones privatizadoras.

Estamos llegando a un punto en que todos, incluidos los grandes poderes, se ven forzados a afrontar soluciones que hasta el momento no han sido consideradas. Entre otras cosas porque está también el poder de la gente, de los que pagan las consecuencias de la falta de responsabilidad y el desastre humanitario que hemos generado los más ricos.
Entramos en el siglo XXI con la necesidad de repensar las reglas del juego de la política y de la economía. Eso no va a ser un proceso lineal pero particularmente en el tema de agua hay ciertos avances.
Si miramos como han ido evolucionando la legislación europea y norteamericana, como la Directiva Marco de Aguas, vamos a ver que el tema ambiental se impone, no podemos seguir tratando los ríos como « canales de H2O ». Igual como los bosques no pueden ser tratados como almacenes de madera, y no solo por las cuestiones ecológicas sino por la racionalidad económica, por un egoísmo inteligente.

Los ecosistemas acuáticos no son almacenes de recursos, son sistemas vivos que hay que gestionar bajo una nueva lógica de la sostenibilidad. Vamos viendo como en estos países ya se empiezan a articular formas distintas de gestión de aguas en donde el principio de sostenibilidad se va colocando en un primer plano.

Claro, de una manera hipócrita muchas veces. Los mismos sectores económicos que reconocen que hay que hacer las cosas de forma diferente en Europa o en EEUU, siguen contaminando los ríos en otros lugares y trasladando esa forma antigua de pensar insostenible a los países en vía de desarrollo.
Pero ahí también está surgiendo el poder de la rebelión, de la manera que los depredadores cada vez la tienen más difícil, se van encontrando con reacciones populares que van poniendo en cuestión sus estrategias y va surgiendo una nueva ética.
Eso no viene de Europa ni de EEUU, surge de América Latina, de Asia…y contagia, porque en definitiva está abriendo las perspectivas de un nuevo enfoque ético para el siglo XXI.

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ADMIRACIÓN Y MIEDO

La primera vez que visité la hidroeléctrica Itaipu (Brasil-Paraguay) fue durante un viaje a Paraguay en 2004. Pude acceder al interior de la presa, ver las instalaciones y el recuerdo que tengo es una especie de shock frente a la dimensión de esta obra. Era una cosa tan impresionante que a mí me estremeció. Me acuerdo que llegué a llorar estando en las tripas de la presa. Por un lado el sentimiento de admiración. Es como si te pusieras delante de una pirámide, te sientes impresionado, te sientes conmovido por la capacidad de lo que somos capaces de hacer. También un sentimiento de miedo: hasta que punto somos capaces de quebrar el orden natural para producir cosas buenas o para producir desastres? Más adelante, en el Foro Social Mundial en Belém (2009) fue cuando por primera vez escuché hablar de Agua Boa. Cuando volví a Itaipu en octubre 2010, pude conocer el programa en directo y más a fondo.

Aquí quiero aclarar una cosa. Si ahora me preguntaran si hay que hacer una presa como Itaipu, yo diría que a estas alturas seria una salvajada. Todavía no controlamos tanto la tecnología para poder intervenir de una manera tan brutal en un ecosistema tan impresionante como el río Paraná. También los costes de la inversión no son fácilmente recuperables. Esa es la conclusión a la que se ha llegado en Europa y en los EEUU, por eso allí ya no se hace este tipo de grandes presas. Si hubiera que discutir si hay que hacerlo o no, hoy mi respuesta sería no: por razones económicas, sociales y ambientales.


 
 
 
 
 

CONOCIENDO AGUA BOA

Sin embargo, el planteamiento de Agua Boa no es si se hace o no. La presa está hecha y la impresión que tengo es que sus directores han creado un modelo diferente de gestionar lo que tienen entre las manos. En este caso es una gran represa que produce energía hidroeléctrica. Ellos vieron que este patrimonio pudiera ser administrado de una manera distinta. E hicieron una represa distinta a cualquier gran represa que yo conozca en el mundo o cualquier gran empresa pública. Porque al fin y al cabo se trata de una enorme empresa publica que produce una cantidad enorme de energía y dispone de importantes capacidades económicas y financieras.
Lo que ha hecho Agua Boa y sus dirigentes ya no es simplemente una cuestión de como gestionar el agua en este contexto de Alto Paraná sino de como gestionar el territorio, como revitalizar los mecanismos democráticos en las comunidades y en las ciudades de la región.
Lo mas valioso es como en torno a esa plataforma pedagógica del agua se ha sabido construir o se está construyendo, en la práctica, no en la teoría, lo que los brasileños han venido a bautizar como la « democracia participativa ». La democracia por esencia debería ser participativa pero la hemos degradado tanto que hay que ponerle ahora un adjetivo. Para mi Agua Boa es esto: la plataforma pedagógica del agua llevada a un nuevo modelo de organización social, un nuevo modelo de educación, de sanidad, de producción y distribución de alimentos, un nuevo modelo de participación ciudadana y acción política.

Ya no es una experiencia solo brasileña, se extiende desde la triple frontera como una mancha transnacional y ocupa espacios en los gobiernos y movimientos sociales en Paraguay, Argentina, Uruguay, Bolivia. A mi eso ya me parece algo más que una buena experiencia local, empieza a tener un carácter contagioso, sumamente interesante.
Pero cuando lo veo desde Europa, no me atrevería a decir que eso tiene un traslado fácil y automático a un contexto como el español. Obviamente Brasil y Paraguay no están en un planeta distinto. Es importante que ese movimiento social, político y cultural con sus distintas fases y procesos se conozca en Europa. Al calor y al ejemplo practico de este tipo de movimiento van a suceder replicas, tal vez menos potentes, en el « Viejo Mundo » porque a pesar de ciertas ventajas (dinero, tecnología, « cultura») estamos más desgastados éticamente, moralmente más desarmados. Los caminos que se van a ir abriendo en Europa no van a ser los mismos pero van a ser hermanados a través de valores y perspectivas comunes, inspirados por lo que se está haciendo en el « Nuevo Mundo ».


 
 
 
 
 
 
 

MÁS ALLÁ

El agua es algo clave para la economía pero también lo es para la identidad de los pueblos, para nuestros sentimientos, nuestro concepto de belleza y bienestar. Esa transversalidad hace del agua una plataforma pedagógica idónea para repensar el mundo y la sociedad. El programa Agua Boa lo demuestra en práctica. También en Europa el movimiento de la Nueva Cultura del Agua ha inspirado propuestas de políticas públicas que van mucho mas allá del agua, que tienen que ver con la organización del territorio y con la participación ciudadana.
El agua es un punto de partida para la educación hacia una nueva gobernabilidad, hacia un nuevo modelo de acción política y social que inspira y hace unir racionalidades y emociones. Cuando hacemos converger lo racional con lo emotivo, la energía que somos capaces de desarrollar los seres humanos, las comunidades, las sociedades, se expande, crea sinergias de una potencia transformadora enorme. Pues, en torno al agua se sintetizan los argumentos y motivaciones de la razón con los del corazón. Y tal vez por eso el agua es un espacio para motivar y comprender los retos del cambio social, ambiental y cultural que requiere el siglo XXI.

Zaragoza – diciembre 2010

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