ENTREVISTA CON NELTON FRIEDRICH

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Abogado, fue diputado federal y miembro de la Asamblea Constituyente Brasileña, desde 2003 se desempeña como director de coordinación de la Itaipu Binacional (la mayor hidroeléctrica) y coordinador general del programa Cultivando Agua Boa

 

ESCUELA DE SINERGIA

TECNOLOGIA DE SER-SENTIR-PRODUCIR-CONSUMIR

Es contradictorio pensar que la tecnología va a resolver los problemas sociales y ambientales.
La ciencia y tecnología son herramientas valiosas pero no podemos olvidar que su buena parte esta a servicio de la causa predadora, contaminadora, inmediatista. Los problemas de hoy son el resultado de las “soluciones tecnológicas” de ayer.
Lo mas importante ahora es cambiar los corazones y mentes programadas en una postura lineal, economicista, inmediatista y segmentada.

La falta de participación de la sociedad y actores locales en la búsqueda de la solución convertirá cada esfuerzo en una simple obra de infraestructura. Lo que necesitamos no es eso sino un cambio profundo de la manera de ser-sentir-producir y consumir.

Nosotros somos lo que pensamos y si nuestro pensar esta dirigido a un proceso de producción infinita, de crecimiento ilimitado, de que la naturaleza es una maquina, de que es más importante tener que ser, es difícil imaginar acciones proactivas, solidarias, de cuidado, de respeto, de amor.
Si no somos lo que pensamos y no somos lo que sentimos, no somos lo que hacemos.

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ESCUELA DE SINERGIA

La voluntad política está en la raíz del programa Cultivando Agua Buena (CAB).
Permitió construir una inmensa red de 3 mil socios, con las más distintas entidades involucradas para consolidar la democracia participativa en nuestra región de 29 ciudades y un millón de habitantes. No se trata de un producto, es un proceso.
Más allá de resultados puntuales y números alcanzados por el programa CAB, el resultado mas significativo es el proceso de la sinergia que motivó e involucró miles de personas e instituciones en las acciones conjuntas y en la cultura y conciencia de la sustentabilidad.
En la metodología del CAB la base es el territorio donde vivimos, donde tenemos nuestras identidades: la vida está en un territorio y ese territorio es la microcuenca hidrográfica.
Ahí se organiza las reuniones con las comunidades – con todos los actores sociales que habitan el territorio de la micro cuenca en cuestión. Esas reuniones sirven para motivar-mover-conmover a las personas y articular fuerzas.

En esas reuniones se consolida un comité gestor de ese territorio en que se encuentran los que contaminan y los afectados, los legisladores y los fiscalizadores, las universidades y las ONGs, empresas y sindicatos, iglesias…

El comité gestor acaba teniendo un papel muy significativo para aglutinar y articular los actores que a veces son distantes o reticentes.
A la comunidad no se lleva una receta acabada, no se dice “haga esto”.
Las “Oficinas de Futuro” es un proceso comunitario que va aflorando ideas, sueños esperanzas, mapeo participativo de pasivos y activos socioambientales del territorio.
Es una manera de reapropiarnos como sujetos colectivos de nuestra historia y del nuestro mañana.

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PAPEL DE LA EMPRESA

Para una empresa ciudadana como Itaipu Binacional, lo más importante es articular, sumar esfuerzos, dividir responsabilidades, no solo contribuir con los recursos.
Itaipu aporta un recurso solo si otros socios también hacen su contribución. De lo contrario nosotros no actuamos. Si ponemos un real es porque los otros actores ponen otro real o a veces dos reales. Con un real invertido alcanzamos suma de tres. Es un proceso consciente de “ingeniería social” que permite hacer mucho más y compartir las responsabilidades.
No se habla de dinero sin antes reunir a la comunidad y definir con ella, no para ella, que es lo que se va a hacer. Recién ahí podemos cuantificar cuanto dinero se necesita. Y no solo el dinero: el éxito de las acciones no depende de la obra en sí, sino principalmente de comportamiento, de actitudes de la comunidad misma.
La obra física por la obra física no tiene más sentido, siendo a veces efímera porque luego nadie la cuida ni mantiene. Y cuando hay esta cultura de participación comunitaria, de cuidado, se tiene la certeza de que las personas van cuidar, porque ayudaron a decidir y hacer la obra. Todo resulta mas fácil cuando se despiertan las conciencias, se suman las voluntades, se canaliza esta energía social antes adormecida. Se genera un gran flujo de energía humana, de motivación, de participación, lo que permite dar grandes saltos, no apenas algunos pasos.

Una de las mayores riquezas de un trabajo como este es no dejar que un sentido asistencial, filantrópico o apenas de marketing venga a perturbar la verdadera visión estructurante que hay que tener. Es fácil hacer una acción filantrópica o de marketing ambiental para una foto, pero esas acciones no pasan de ser puntuales, no son estructurantes.

Nosotros no hacemos eso. Tampoco trabajamos por demanda o por emergencia. Es común que las entidades públicas trabajen por demanda, conforme a la presión o pedido de este o aquel grupo de intereses. Demandas inmediatistas, puntuales: falta agua, vamos a llevar agua… La verdadera política pública no actúa por demanda o por emergencia. Tampoco puede prescindir de la democracia participativa, comunitaria. La acción tiene que ser estructurante. Por eso trabajamos con el enfoque territorial: microcuenca por microcuenca, creando de a poco una cultura de trabajo a mediano y largo plazo, sin caer en acciones inmediatistas con un efecto meramente cosmético.

Fomentamos acciones colectivas desde una visión sistémica, de interconexión. La educación ambiental permea e interconecta las acciones para convertir el programa en un proceso estructurante, continuo con efecto de medio y largo plazo en el territorio.
Se puede decir que lo que estamos viviendo aquí es como un gran laboratorio socioambiental abierto, una sala de aula de democracia participativa. El resultado mayor es el empoderamiento de las personas y las comunidades en esa posibilidad de hacer, de recuperar el sentido de pertenencia a la comunidad, al territorio: “aquí esta mi vida, aquí esta la vida de mi familia, mis vecinos, mis esperanzas, mis frustraciones”. Esta identidad da un marco a nuestras vidas.
Eso se siente cuando alguna persona de la comunidad durante el Pacto de las Aguas realizado en su comunidad viste con orgullo la camiseta que tiene la microcuenca en el pecho. Esos sentimientos tienen un valor que es difícil de medir.

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TRIPLE FRONTERA : POLO DE VOLUNTAD POLÍTICA

Tenemos la oportunidad de vivir en una región de triple frontera (Brasil-Paraguay-Argentina), en el reino de las aguas del río Paraná, del río Iguazú, en uno de los lugares más bonitos del planeta.
La naturaleza en sí no tiene fronteras. Los brasileños, paraguayos y argentinos pertenecemos a la misma cuenca hidrográfica. En la nueva comprensión de esta interdependencia, interconexión, las aguas nos deben unir, no separar.
La triple frontera hasta favorece que los pueblos de las lenguas diferentes (español, portugués, guarani) se vengan a encontrar en torno a una causa tan noble que es la vida misma.
Es una permanente búsqueda de articulación de personas y de acciones.

Vemos nacer una fuerza geopolítica de integración socioambiental, diferente de aquellas fuerzas geopolíticas del proceso colonizador de dominación que prevaleció hasta épocas muy recientes.

La triple frontera se está transformando en un gran polo de voluntad política: los tres países se están aproximando cada vez más, realizando acciones conjuntas y complementarias. Los primeros soportes de esa aproximación son: el Parque Tecnológico de Itaipu, la cooperación entre las instituciones y empresas publicas, las universidades, las ONGs. Se constituye el Centro de Saberes de la Cuenca del Plata y la UNILA (Universidad de Integración de America Latina), para relanzar la integración regional desde otros paradigmas, con una visión latinoamericana.

Cada vez más esas experiencias de buenas practicas se transforman en un verdadero polo irradiador, una especie de fuente de replicabilidad. En este sentido la triple frontera es un punto de encuentro de muchas voluntades: un laboratorio abierto de buenas prácticas, de solidaridad, de esperanza.

 

 

GRAN COMUNIDAD DE APRENDIZAJE

Frente a la mayor crisis socioambiental de la historia de la humanidad todos somos aprendices, tenemos que aprender, a veces re-aprender, inclusive re-aprender a amar. Amar al prójimo, amar a la comunidad, amar a la fuente del agua, al suelo, al aire. Es un gran aprendizaje del otro paradigma, del otro modelo civilizatorio que tenemos que construir.
En este proceso no es posible separar, por eso la sinergia, por eso la visión sistémica, por eso la comprensión de que todos somos interdependientes y todo está interconectado. La vida es como una red de organismos-células-moléculas, no existe vida sin red.

En esta gran comunidad de aprendizaje vamos reencontrando valores que perdimos o que fueron sofocados. Vamos reencontrando saberes ancestrales, saberes populares, realizando un dialogo de saberes. En este proceso de aprendizaje vamos redescubriendo al Otro, abandonando egoísmo, individualismo. Nos vamos complementando, construyendo una ciudadanía planetaria.
Este aprendizaje nos lleva también a un reencuentro con la espiritualidad profunda. Eso va a causar grandes transformaciones en el interior de las personas y del interior hacia el medio en que viven. Eso genera un encadenamiento, un efecto multiplicador que no será detenido ni por los gobiernos ni por las armas.

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Foz do Iguaçu – Brasil – noviembre 2010

 

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