“La Economía Ecológica y el desarrollo en América Latina” de Walter Pengue

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EXTRACTOS

Ingeniero Agrónomo y Magister en Políticas Ambientales y Territoriales de la Universidad de Buenos Aires. Doctor en Agroecología, Sociología y Desarrollo Rural Sostenible de la Universidad de Córdoba (España). Profesor titular de Ecología. Universidad Nacional de General Sarmiento, ICO – UNGS.Director del Programa de Actualización de Posgrado en Economía Ecológica, GEPAMA, FADU, UBA. Miembro Científico del Panel sobre Manejo Sostenible de los Recursos, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Presidente de la Asociación Argentino Uruguaya de Economía Ecológica, ASAUEE. Miembro fundador de la Red Iberoamericana de Economía Ecológica (REDIBEE), de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica (ISEE), Asociación Internacional de Economistas Agrarios (IAAE) y otras. Autor de numerosas publicaciones del área de economía ecológica y agricultura
sustentable.

 

REVOLUCIÓN DE LA SOSTENIBILIDAD

 

COMIENDO AL MUNDO

Nos queda claro a todos que experimentamos una crisis. Algunos autores lo llaman “crisis de civilización”. Y a mi manera de ver es que la especie humana literalmente se está comiendo al mundo. A partir de la revolución industrial el hombre viene demandando recursos de manera más y más intensa. El consumo de bienes y servicios, por supuesto, es imprescindible para satisfacer las necesidades humanas, pero cuando se supera cierto umbral, se transforma en consumismo.
Eso ha creado un “desfasaje” entre las exigencias del crecimiento económico y las posibilidades de la naturaleza. El sistema económico no puede funcionar sin recursos. Sin embargo los economistas ortodoxos en general olvidan preguntarse de donde vienen esos recursos. Si uno lo ve con una mirada un poco más amplia, se ve claramente que el precio de mercado esconde los valores reales de los recursos extraídos de los ecosistemas.

DESCONEXIÓN

Un sistema financiero, hoy en día se encuentra desconectado de su propia realidad económica. Las cifras de circulación financiera ya estan superando 50 veces el propio PBI mundial. Desde el punto de vista de la estabilidad lo grave es que ese 98 % de la bicicleta financiera circula a una velocidad infinita como la de la luz, mientras que la reproducción de bienes y servicios, el restante 2 % lo hace en cambio a paso de tortuga, pese a los saltos tecnológicos.

Entre 1950 y 2007 el consumo de agua se ha triplicado, el de combustibles fósiles se ha quintuplicado, el de carne creció un 550%, las emisiones de dióxido de carbono han aumentado un 400%, el PIB mundial aumentó un 716%, el comercio mundial llegó a un 1.568%, el gasto mundial en publicidad creció un 965%, el número de turistas que salieron de sus fronteras aumentó un 2.860%, el número de automóviles pasó de 53 millones en 1950 a 565 millones en 2002 y el consumo de papel saltó a un 423%, en este caso entre 1961 y 2002. Las importantes ganancias en eficiencia se ven rápidamente absorbidas por el aumento del consumo.

Aristóteles, hacia uso del concepto de crematística (del griego khrema, la riqueza, la posesión), en el sentido que hoy día damos a esta economía. Para el filósofo, la crematística respondía a un conjunto de estrategias que permitían a quién las desarrollara acumular dinero sobre dinero y por tanto poder y con este llevar adelante, las decisiones más recalcitrantes. La crematística de Aristóteles, era por cierto una actitud condenable, contra natura que deshumanizaba a aquellos que la desarrollaban. Aristóteles ya concebía el riesgo de que la crematística se independizara de la economía y buscara, no ya satisfacer la necesidad, sino un enriquecimiento ilimitado. Eran los riesgos de confundir al medio (el dinero) con un fin en sí mismo. Queda claro, que cuando hablamos de economía en el mundo de hoy, estamos hablando de crematística. Lejos ha quedado la original e interesante definición vinculada a la economía como la administración de los recursos de la casa o del medio.

Fuente: Walter Pengue: La Economía Ecológica y el desarrollo en América Latina

CRECIMIENTO SIN DESARROLLO

Las economías de los países “en vía de desarrollo” crecen pero el desarrollo nunca llega. Lo que crece es el PIB en la medida que crece la exportación de materias primas: soja, carne, biocombustibles, minerales… Estos recursos naturales se extraen al menor precio posible provocando la degradación ambiental, social y cultural en esos países. Entonces es importante separar lo que es el crecimiento y lo que es el desarrollo. Porque de crecer también crecen las células de cáncer y terminan matando a todo un organismo. No estamos logrando ubicar a los actores sociales en sus funciones específicas que giran en torno al desarrollo del bien común. Como dice Eduardo Galeano, “el subdesarrollo no es una etapa del desarrollo, es su consecuencia”.

Millones de personas todos los días están siendo tiradas por la borda de este modelo de crecimiento totalmente irracional y más tarde o más temprano estarán reaccionando frente a la presión no solo económica sino también ambiental brutal que están sufriendo. El cambio climático pondrá esta situación aun más evidente.

Ver también: W. Sachs (editor) “Diccionario del Desarrollo”

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ECONOMÍA ECOLÓGICA

La economía ecológica es una disciplina que se ocupa de la gestión de la sustentabilidad. No se trata de simplemente poner un precio a un determinado bien o recurso natural. Se trata de comprender de una manera holística e integral, que es lo que está pasando con este recurso.

Vemos los sistemas productivos como flujos de energía y materiales. Es como imaginarse una gran caja donde los recursos (materia y energía) entran, se transforman y salen. Nos interesa saber que es lo que sucede dentro de esta caja, con que grado de eficiencia se están utilizando estos recursos, como trazar el camino hacia la pretendida sustentabilidad?

El objetivo no es solamente encontrar una respuesta académica, sino realmente poner en la mano de los decisores de políticas publicas el conjunto de instrumentos que les van a permitir enfrentar los conflictos en torno al uso de los recursos AGUA – SUELO – BIODIVERSIDAD requeridos por las poblaciones locales y por los mercados.

 

ENFOQUE SISTEMICO

La economía ecológica adopta la teoría de sistemas para la comprensión de los fenómenos ecológicos y los integra a los estudios de los límites físicos y biológicos debidos al crecimiento económico. Estudia a las sociedades como organismos vivos que tienen funciones como las de captación de la energía, utilización de los recursos y energía de la naturaleza y eliminación de sus residuos (metabolismo social). Este metabolismo, urbano, rural, industrial funciona de distintas maneras, en diferentes etapas desde la captación de la energía hasta su eliminación.

Fuente : Walter Pengue: idem.
Ver también: “Historia de las cosas” (video)

SERVICIOS AMBIENTALES

La economía ecológica analiza el flujo de energía y materiales para dar el verdadero valor a los recursos naturales y la naturaleza en  si misma como la gran prestadora de servicios ambientales.

Entre los servicios ambientales encontramos por ejemplo el ciclo del agua. Imagínense que sucede si se altera el ciclo del agua en la escala global. Podemos tener enormes sequías, pueden desaparecer ecosistemas enteros. Sin embargo, no estamos valorando el agua adecuadamente. Ni siquiera en términos del acceso al agua potable. Muchas comunidades previamente a la llegada de los sistemas capitalistas podían tomar agua a la vera de los ríos. Hoy en día hay que descontaminar esa agua para poder beberla y encima se pretende cobrar a esas comunidades, cuando previamente no la tenían contaminada. Quien se debe hacer cargo de esas cosas? Quien debe pagar por los daños? Esas comunidades?

Otro aspecto importante es el ciclo de los nutrientes en el suelo que hoy en día estamos alterando. Ya hemos alterado el ciclo del nitrógeno. Esto genera problemas vinculados a la agricultura, a la producción de alimentos. Un economista hace poco argumentaba que el PIB agrícola a escala global era insignificante porque representaba apenas 3% del PIB global. Y si desaparecieran esos 3%? Que pasaría? La respuesta es muy sencilla: no tendríamos que comer. No se puede analizar el valor de los alimentos por su participación en el PIB global.

Muchos servicios ambientales están vinculados a la biodiversidad. Que pasa con los polinizadores por ejemplo? Polinizadores son aquellos pequeños insectos, aves y otros animales que se ocupan de polinizar distintas flores. Hoy en día estamos enfrentando una crisis global de polinizadores de la mano de una enorme cantidad de agroquímicos que estamos inyectando en el sistema.

Esa merma está afectando a la producción en distintas regiones del mundo de una manera importante. Eso significa menos alimentos para todos. Si no hay flores fertilizadas no hay granos. Si no hay granos no hay comida.

Todo eso no llega a ser considerado adecuadamente dentro de los servicios ambientales importantes que la humanidad debe administrar y proteger. Y no se trata de que estos servicios sean pagados, sino que se reconozca la invalorable prestación que la tierra nos está dando de manera gratuita y que no estamos viendo.

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VARIEDAD DE SERVICIOS

Los servicios ambientales son los enormes beneficios que obtiene el ser humano como resultado de las funciones de los ecosistemas. Entre ellos se encuentran el mantenimiento de la composición gaseosa de la atmósfera; el control del clima; el control del ciclo hidrológico, que provee el agua dulce; la eliminación de desechos y reciclaje de nutrientes; la conservación de cuencas hidrológicas, la generación y preservación de suelos y el mantenimiento de su fertilidad; la eliminación de desechos y reciclaje de nutrientes; el control de organismos nocivos que atacan a los cultivos y transmiten enfermedades humanas; la polinización de cultivos; y el mantenimiento de un enorme acervo genético del cual la humanidad ya ha sacado elementos que forman la base de su desarrollo tales como cultivos, animales domésticos, medicinas y productos industriales.

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EXTERNALIDADES

Que es una externalidad? Es un costo ambiental no considerado en las cuentas de las empresas o las industrias. Muchas empresas se autocalifican de “eficientes” en su forma de producción, porque no están incluyendo dentro de sus costos los daños ocasionados. Yo genero un daño, descargo este daño sobre otra empresa o sobre el ambiente y no me hago cargo. Esta es una externalidad. Eso puede pasar simplemente por una toma de agua a 20 grados de temperatura en un río y yo la elimino a 45 grados de temperatura afectando a la fauna íctica de ese río y también a las empresas pesqueras aguas abajo. Cuando no me hago cargo de esa situación estoy generando una externalidad.

La economía ecológica postula la “internalización de externalidades”. No es un juego de palabras. Lo que estamos pretendiendo es que quienes generan estas externalidades las contabilicen e incorporen en sus costos. Y eso puede ayudar a cambiar los procesos productivos completos. Hoy en día hay cientos de procesos productivos totalmente obsoletos e ineficientes en términos ambientales.

En tanto existen las tecnologías alternativas que no se implementan simplemente por una cuestión de costos. Hay que trabajar junto con decisores de políticas públicas para que sean ellos los que impulsen a los empresarios a la disminución de sus externalidades. También la población en general tiene que ser debidamente informada sobre esas nuevas tecnologías y la necesidad de su implementación.

Las externalidades pueden ser consideradas a escala local, regional y global. Generalmente los países desarrollados en los últimos años muestran la creciente mejora de su performance ambiental. Sin embargo, en este cálculo no se considera lo que hacen sus empresas en otras partes del mundo. Muchas de estas empresas colocan parte de su pasivo ambiental en las economías “en vía de desarrollo”. Y como estas economías también pretenden capturar un fondo, los gobernantes aceptan la importación de daños ambientales sin consultar con su propia población. Es así que muchas compañías transnacionales trasladan a nuestros territorios las tecnologías contaminantes que en sus países de origen no estarían utilizando.


 
 

MEMO SUMMERS

Un economista jefe del Banco Mundial (todos conocen el caso de L. Summers) recomendaba hace pocos años, filtrado y publicado en The Economist, depositar el pasivo ambiental (la externalidad) en aquellos territorios donde el resarcimiento económico producido por la pérdida de vidas o enfermedades, consecuencia de los impactos de empresas foráneas contaminantes, implicase el costo marginal más bajo. Ver más.

HERRAMIENTAS

En la economía ecológica hablamos también de “nuevos indicadores” necesarios para orientar un cambio de paradigma. Uno de los ejemplos es la huella ecológica que pretende generar conciencia sobre el uso de los recursos naturales. Lo que mide la huella ecológica es la cantidad de hectáreas requeridas para satisfacer necesidades básicas de una persona y para disponer de sus residuos y su contaminación.

Hoy en día la huella ecológica a nivel global se sitúa en casi 3 has por persona. Con una población global de casi 7 mil millones claramente no nos alcanza la tierra para satisfacción de necesidades básicas de la humanidad. El aumento de la eficiencia en la producción de alimentos no resuelve el problema. Lo que tenemos que cambiar es el paradigma de la producción y el consumo de las sociedades.

Mientras en la India y en muchos países en “vía de desarrollo” se consume un equivalente energético de 2000 kilocalorías por persona por día, en países desarrollados hablamos de entre 20 mil y 100 mil de kilocalorías. Es un nivel elevadísimo de consumo y eso traducido a cantidad de hectáreas nos dice que por ejemplo los Estados Unidos están por arriba de 10 has por persona (para India, Kenia o Marruecos hablamos de un hectárea).

Otros indicadores asociados son la huella hídrica (cantidad de agua necesaria para la producción del determinado bien) y la huella de carbono (que para un producto o servicio, mide las emisiones de CO2 que se generan a lo largo de la cadena productiva). Ambos indicadores van a ir tomando cada vez importancia en las discusiones relacionadas con el cambio climático y la crisis global del agua.

Los impuestos, los subsidios, los instrumentos de regulación indirecta de los sistemas económicos también son una alternativa, un paliativo utilizable como para regular en parte el uso de los recursos.

Si los indicadores técnicos están adecuados y los daños por contaminación claramente mensurables, un impuesto a una determinada producción, que incluso puede impedir que esta producción se lleve adelante, es algo positivo. Ahora, si el impuesto simplemente trata de capturar un dinero adicional por una determinada actividad contaminante, estamos mal.

Por otro lado la aplicación de subsidios a las tecnologías limpias también es un camino interesante a promover. Un ejemplo a nivel de la Cuenca del Plata tiene que ver con los subsidios a la producción agrícola para prácticas de manejo sostenible como el uso de terrazas. Los agricultores aprovechan los subsidios para implementar estas prácticas y en dos o tres años recuperan la inversión gracias al aumento de la productividad de sus campos. Hay un aumento de la renta del agricultor en lo individual y para el estado que recauda más impuestos.

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Otra de las herramientas que se vienen, en mediano plazo, la incorporación dentro de las cuentas de las mencionadas externalidades. Los economistas ecológicos hablan del cálculo de los “intangibles” reconsiderando el valor de los recursos naturales en el proceso productivo.

Por ejemplo en las discusiones de los flujos globales de intercambio de productos es algo importante tomar en cuenta las importaciones de agua virtual, es decir la cantidad de agua utilizada para obtener un producto. Un país que importa este producto considera el uso que se hace del agua a costo cero y no lo incluye dentro de sus cuentas. En el mismo sentido se puede hablar del suelo virtual, o sea la cantidad de nutrientes que se van con la soja, con la carne, con la madera, con todos los productos en los cuales se utiliza el suelo como recurso de base para la producción. Eso hasta hoy en día esta considerado a costo cero. Pero bueno, al final usted tiene que reponer los nutrientes aplicando fertilizantes minerales y pagar a 1500 USD la tonelada. Como puede ser que se exportan nutrientes a costo cero y luego para recuperarlos hay que pagar semejantes precios? Esta relación tiene que ser revisada a mediano plazo en las discusiones que estamos teniendo en la ONU.

También se habla mucho de la sustitución del PIB (Producto Interno Bruto) por otro tipo de indicadores. Ahí viene lo de las cuentas verdes. Los países van a tener que hacer una especie de inventario “verde” relacionado con la protección de los mencionados “intangibles”, con la forma de producción más sostenible de la mano de nuevas tecnologías o tecnologías primitivas abandonadas pero que permiten uso más eficiente de los recursos. Para eso hay que dejar de leer los problemas con el único criterio de consideración, como es el caso del PIB y pasar a leer la realidad de una forma totalmente distinta donde lo económico, lo social, lo ambiental y lo cultural estén plenamente considerados de una manera integrada. Estos sistemas multicriteriales son una cereza de la torta de la economía ecológica.

Ver también : Felicidad Interna Bruta / Gross National Happiness


 
 
 
 
 
 
 

PALABRA CLAVE

La economía ecológica ha sido considerada como una “nave insignia” en la discusión sobre el uso de recursos naturales en la PNUMA (UNEP) en el debate sobre la necesidad de reconversión hacia una “Economía Verde”. Primero, hay que comprender que los sistemas económicos dependen exclusivamente de la naturaleza para continuar con su funcionamiento. Luego, reconsiderar el tema de los servicios ambientales y las externalidades. Finalmente, repensar la forma de producción y redistribución equitativa y sostenible de los beneficios.

El problema es que hoy hasta los grupos corporativos más contaminantes utilizan el término “sostenible”. La sostenibilidad se convirtió en un “camino hacia” pero nunca un objetivo final. Podemos ver claramente que el hombre es una especie parasita en un planeta limitado. Esa especie tiene que saber controlar sus caminos hoy totalmente desbordados. Esos caminos no pasarán por lo económico sino por un cambio de paradigma con una visión socioambiental que abandone el antropocentrismo. Mientras tanto el “desarrollo sostenible” seguirá siendo un buen cartel para muchas entidades o ministerios que se llaman de “desarrollo sostenible”.

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TRES REVOLUCIONES

En los últimos dos siglos la humanidad ha atravesado por tres grandes revoluciones tecnológicas. Primero fue la revolución industrial, que permitió una expansión sin precedentes de la producción de bienes físicos y el alcance hacia regiones y recursos, recónditos en todo el planeta. Luego, mucho más recientemente abordamos a la revolución tecnológica, con la llegada de la biotecnología, las nanotecnologías, las tecnologías de nuevos materiales y las comunicaciones, que permiten flujos rápidos de información y nuevas formas de apropiación de la naturaleza. La tercera, la revolución de esta primera etapa del siglo XXI, deberá ser la revolución de la sostenibilidad. Para poder seguir habitando en la tierra, el hombre deberá apelar a toda su sabiduría y diversidad de conocimientos para alcanzar la búsqueda en todos los sentidos, de formas de convivencia con la naturaleza.

Ver también:
Ecoportal (Blog de Walter Pengue)

Sociedad Internacional de Economía Ecológica (ISEE),
Red Iberoamericana de Economía Ecológica (REDIBEE)

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